Dolor de cuello, dolor lumbar, ciática, hormigueos, «nervio pinzado»… Si te han hecho una resonancia magnética, es muy probable que el informe mencione una protrusión discal, una hernia discal o cambios degenerativos de la columna.
Es normal que al leer esas palabras surjan dudas e incluso miedo. Muchos pacientes llegan a consulta convencidos de que la resonancia ha encontrado la causa de su dolor y que la cirugía será inevitable.
Sin embargo, la realidad es muy diferente.
Como neurólogo, una de las situaciones más frecuentes que veo en consulta son pacientes preocupados por una protrusión o una hernia que, en realidad, no explica sus síntomas. En otros casos ocurre justo lo contrario: la resonancia muestra una hernia relativamente pequeña, pero perfectamente localizada sobre una raíz nerviosa y responsable de un intenso dolor.
La clave está en entender una idea muy sencilla: Una resonancia puede mostrar una hernia. No puede decirnos si esa hernia es la causa de tus síntomas.
Ese diagnóstico requiere una valoración neurológica completa.
¿Qué es un disco intervertebral?
Los discos intervertebrales son los «amortiguadores» de la columna. Se encuentran entre las vértebras y permiten movernos con flexibilidad mientras absorben las cargas que soporta la espalda.
Cada disco tiene un núcleo blando rodeado por un anillo fibroso resistente.
Con el paso de los años, igual que aparecen arrugas en la piel o desgaste en las articulaciones, los discos también envejecen. Pierden agua, se vuelven menos elásticos y pueden deformarse ligeramente. Este proceso es completamente normal y ocurre incluso en personas sin dolor.
Protrusión discal y hernia discal: no son lo mismo
Uno de los errores más frecuentes es pensar que cualquier alteración del disco es una hernia.
- Protrusión discal: La protrusión discal es un abombamiento del disco, pero sin que llegue a romperse. Es un hallazgo muy frecuente en las resonancias y, por sí sola, raramente explica el dolor. Además, es un proceso dinámico: puede disminuir con el tiempo e incluso dejar de apreciarse en estudios posteriores. Encontrar una protrusión no significa que sea la responsable de los síntomas. La mayoría de las protrusiones discales no producen dolor ni necesitan ningún tratamiento específico.
- Hernia discal. En la hernia discal, parte del núcleo del disco atraviesa el anillo fibroso y sale hacia el exterior. Si ese material entra en contacto con una raíz nerviosa puede aparecer dolor, hormigueos o pérdida de fuerza. Pero incluso las hernias pueden ser completamente asintomáticas. De hecho, sabemos que muchas personas sin ningún dolor tienen una o varias hernias en la resonancia. Por eso, el tamaño de una hernia no determina su importancia. Una hernia pequeña puede producir mucho dolor si comprime un nervio, mientras que otra más grande puede no causar ningún síntoma.
Hernia cervical y hernia lumbar
Las hernias aparecen sobre todo en dos zonas.
Hernia cervical
Puede producir:
- Dolor de cuello.
- Dolor que baja por el brazo.
- Hormigueos en la mano.
- Pérdida de fuerza.
- Alteración de los reflejos.
En casos poco frecuentes, cuando comprime la médula espinal, puede afectar al equilibrio o a la forma de caminar.
Hernia lumbar
Es la causa más habitual de la conocida ciática, que es como de forma común se llama a la radiculopatía del nervio ciático, que se extiende por la cara posterior de la pierna.
Puede provocar:
- Dolor lumbar.
- Dolor que desciende por la nalga y la pierna.
- Hormigueos.
- Sensación de corriente eléctrica.
- Debilidad para levantar el pie o caminar.
¿Qué es una radiculopatía?
La palabra radiculopatía significa que una raíz nerviosa está lesionada o comprimida. Es decir, no basta con tener una hernia; esa hernia debe estar afectando realmente al nervio.
Los síntomas típicos son:
- Dolor irradiado siguiendo un recorrido muy concreto.
- Hormigueos.
- Alteración de la sensibilidad.
- Pérdida de fuerza.
- Cambios en los reflejos.
No todas las hernias producen una radiculopatía, y no toda radiculopatía está causada por una hernia.
¿Cómo diferenciar una lumbalgia de una radiculopatía?
Esta diferencia es fundamental porque el tratamiento también cambia.
- Dolor mecánico (cervicalgia o lumbalgia). Suele localizarse en el cuello o en la espalda. Es un dolor que empeora con determinados movimientos o posturas y suele acompañarse de contractura muscular. No sigue el recorrido de un nervio y normalmente no produce pérdida de fuerza ni alteraciones de la sensibilidad.
- Dolor radicular o neuropático. Cuando un nervio está comprimido, el dolor es completamente diferente. Los pacientes lo describen como: corrientes eléctricas, quemazón, calambres, descargas, pinchazos.
Además, el dolor baja por el brazo o por la pierna siguiendo un recorrido muy concreto. Con frecuencia, el dolor en la extremidad es mucho más intenso que el dolor de espalda.
El gran error: pensar que la resonancia hace el diagnóstico
Este es probablemente el mensaje más importante de este artículo.
Hoy en día se realizan muchísimas resonancias por dolor de espalda, cuello o incluso por síntomas neurológicos muy diversos.
Y casi siempre aparece algo: protrusiones, hernias, artrosis, discos deshidratados, cambios degenerativos.
El problema es que estas alteraciones también aparecen en muchísimas personas completamente sanas.
Por eso, atribuir automáticamente el dolor a lo que aparece en la resonancia puede llevar a diagnósticos equivocados e incluso a tratamientos innecesarios.
En mi consulta es frecuente valorar pacientes a quienes les han dicho que el origen de sus síntomas es una protrusión encontrada «por casualidad», cuando tras una exploración neurológica comprobamos que esa lesión no explica lo que les ocurre.
Y también sucede lo contrario: una pequeña hernia que parecía «poco importante» resulta ser exactamente la responsable del problema.
En medicina tratamos personas, no resonancias.
La resonancia es una herramienta extraordinariamente útil, pero solo tiene valor cuando sus hallazgos coinciden con la historia clínica y la exploración neurológica.
¿Cómo se diagnostica una radiculopatía?
El diagnóstico empieza escuchando al paciente y realizando una exploración neurológica completa.
Valoramos:
- La fuerza.
- La sensibilidad.
- Los reflejos.
- La distribución del dolor.
- Maniobras específicas que orientan sobre la raíz nerviosa afectada.
Después, si es necesario, solicitamos pruebas complementarias.
- Resonancia magnética. Es la mejor técnica para visualizar discos, raíces nerviosas y médula espinal. Pero una resonancia nunca debe interpretarse de forma aislada.
- Electromiograma (EMG). Cuando existen dudas, el electromiograma permite confirmar si una raíz nerviosa está realmente lesionada y valorar la gravedad de la afectación.
Tratamiento: la mayoría de las hernias no necesitan cirugía
Recibir el diagnóstico de una hernia discal no significa que haya que operarse.
De hecho, la mayoría de los pacientes mejoran con un tratamiento conservador.
Este suele combinar:
- Analgésicos o antiinflamatorios cuando son necesarios.
- Tratamiento específico para el dolor neuropático si existe una radiculopatía.
- Mantenerse activo y evitar el reposo prolongado.
- Fisioterapia.
- Un programa de ejercicio terapéutico y readaptación física.
Sabemos además que muchas hernias disminuyen de tamaño de forma espontánea con el paso del tiempo gracias a mecanismos naturales de reabsorción.
En mi experiencia, uno de los aspectos más importantes es no limitarse a tratar el dolor. El verdadero objetivo debe ser recuperar la función, fortalecer la musculatura y conseguir que el paciente vuelva a hacer una vida normal.
Un buen programa de ejercicio y readaptación física puede evitar la cirugía en muchos pacientes.
¿Cuándo puede ser necesaria una operación?
La cirugía sigue siendo una herramienta muy útil cuando está bien indicada.
Generalmente se plantea cuando existe:
- Pérdida progresiva de fuerza.
- Compresión de la médula espinal.
- Síndrome de cola de caballo (una urgencia médica).
- Dolor incapacitante que no mejora tras un tratamiento conservador correctamente realizado.
La decisión nunca debería basarse únicamente en el tamaño de la hernia que aparece en la resonancia.
Por experiencia propia,
Las protrusiones y las hernias discales son hallazgos muy frecuentes y, en muchos casos, forman parte del envejecimiento normal de la columna. Su presencia no significa necesariamente que sean la causa del dolor ni que requieran cirugía.
El diagnóstico correcto consiste en integrar los síntomas, la exploración neurológica y las pruebas complementarias. Solo cuando todas las piezas encajan podemos afirmar que una hernia o una protrusión son realmente las responsables del problema.
La buena noticia es que la mayoría de los pacientes mejoran con un tratamiento conservador bien planteado, basado en el control del dolor, el ejercicio terapéutico y una adecuada readaptación física.
Si presentas dolor que se irradia por un brazo o una pierna, pérdida de fuerza, hormigueos persistentes o tienes dudas sobre el significado de una resonancia, una valoración neurológica puede ayudarte a identificar la verdadera causa de los síntomas y elegir el tratamiento más adecuado. Podemos valorarlo en consulta.
