¿Ojo o sistema nervioso?
Cuando aparecen problemas visuales, lo habitual y recomendable es acudir primero al óptico u oftalmólogo, ya que la mayoría de las veces la causa está en el propio ojo. Sin embargo, la retina forma parte del sistema nervioso central y constituye el inicio de la vía visual, que continúa por los nervios ópticos, los tractos ópticos y llega hasta la corteza visual en el cerebro. Por eso, en algunos casos la valoración neurológica es fundamental para identificar el origen del problema.
Ejemplos de alteraciones visuales de origen neurológico
Como en todos los síntomas neurológicos, es la clínica la que orienta la localización de la lesión. Así, la visión doble binocular (que desaparece al tapar cualquiera de los ojos) se produce por una descoordinación de la mirada conjugada, como ocurre en enfermedades que afectan a la musculatura ocular, entre ellas la miastenia gravis. La neuritis óptica, una inflamación del nervio óptico, suele provocar visión borrosa y dolor ocular, y en algunos casos puede ser la forma de inicio de una esclerosis múltiple u otras enfermedades inflamatorias menos frecuentes, como la neuromielitis óptica o la enfermedad asociada a anticuerpos anti-MOG.
El aura migrañosa también puede producir síntomas visuales llamativos, como destellos, luces en zigzag o pérdida transitoria de parte del campo visual, que suelen resolverse de manera espontánea. Incluso algunas crisis epilépticas pueden comenzar con fenómenos visuales de este tipo.
Cómo se estudian las alteraciones visuales
Además de la valoración oftalmológica inicial, en muchos casos será necesario realizar pruebas neurológicas (resonancia magnética, potenciales evocados, analítica u otras) para identificar la causa. Según el resultado, se establecerá el plan de tratamiento más adecuado para cada situación.